
Para entender la sexualidad, es necesario abrir la mente a un concepto más amplio de lo que imaginamos, es una caricia, una mirada, un deseo, un beso, es un todo “inmenso”.
La consideramos como un concepto que abarca aspectos tanto biológicos , como sociales o culturales, teniendo estrecha relación con ésta el sexo, y el género. Tal y como la entienden algunos, la sexualidad engloba una serie de condiciones culturales, sociales, anatómicas, fisiológicas, emocionales, afectivas y de conducta, relacionadas con el sexo que caracterizan de manera decisiva al ser humano en todas las fases de su desarrollo.
La consideramos como un concepto que abarca aspectos tanto biológicos , como sociales o culturales, teniendo estrecha relación con ésta el sexo, y el género. Tal y como la entienden algunos, la sexualidad engloba una serie de condiciones culturales, sociales, anatómicas, fisiológicas, emocionales, afectivas y de conducta, relacionadas con el sexo que caracterizan de manera decisiva al ser humano en todas las fases de su desarrollo.
Pues bien, este concepto, podemos enmarcarlo en el contexto de la adolescencia, como uno de los elementos claves de ella.
Actualmente, la sexualidad está menos cubierta, es decir, gracias a los medios de información y a la evolución de nuestra cultura y sociedad, la sexualidad ha perdido en parte sus tabúes y sus barreras. En el caso de los adolescentes, cada día experimentan su sexualidad con otras personas a menor edad. Y esto supone un riesgo, porque aunque la sexualidad la concibamos como algo más natural que antes, la información que llega a todos es reducida con respecto a aspectos como el de las enfermedades de transmisión sexual o los embarazos, que pese a los avances sobre este tema, aun es extremadamente reducida, sobre todo entre adolescentes. Pero realmente, yo me planteo, ¿es falta de información únicamente, o este factor interacciona con otros factores?
Y con dichos factores, vuelvo a referirme al sentido de la responsabilidad que ha desaparecido, tanto en jóvenes como en adultos.
Y con dichos factores, vuelvo a referirme al sentido de la responsabilidad que ha desaparecido, tanto en jóvenes como en adultos.
Según mis compañeros los índices de desinformación son peligrosamente altos entre la población adolescente, en el caso de nuestro país, que ya no hablemos de países subdesarrollados. Y por ello promueven la intervención educativa basada en la información exhaustiva, la sensibilización y la concienciación de la población y en concreto de este colectivo, mediante formación en educación para la salud, por ejemplo. A esta intervención, yo le añado la formación en valores morales, en habilidades sociales y autoestima, con el objetivo de trabajar y desarrollar desde ellas el principio de la responsabilidad, que haga consciente a la sociedad de las consecuencias de sus decisiones, conllevando el respeto hacia uno mismo, hacia su cuerpo y hacia los demás, en definitiva.
Unido al tema de la sexualidad y su evolución. Uno de los tapujos y tabúes que han ido desapareciendo poco a poco, aunque aún quede mucho por hacer en dicho ámbito, está íntimamente relacionado con la sexualidad, la identidad sexual y la práctica.La orientación sexual, la entendemos como el sexo (biológico) al que va dirigido nuestro deseo y nuestra sexualidad, así según la identidad sexual podemos ser homosexuales, heterosexuales, transgéneros, transexuales, o bisexuales, según nuestra orientación, homosexuales, bisexuales y heterosexuales y según nuestra práctica, un nivel superior de categorización, masoquistas, sadistas, fetichistas, etc. En definitiva, la cultura, ha decidido en cierto modo esta clasificación, porque es ésta la que ciñe a determinadas limitaciones esta sexualidad de la que hablamos.
Tomando como colectivo objeto de intensa discriminación en ciertos periodos de la historia y el cual ha ido consiguiendo poco a poco eliminar parcialmente dicha discriminación, estereotipos y barreras, la homosexualidad, y como consiguiente la bisexualidad, es una minoría , nada nueva, que ha evolucionado a lo largo de la historia y en diferentes conceptos hasta llegar hoy, a una situación de reivindicación de derechos que les ha permitido un desarrollo (casi) pleno de su vida y sus relaciones.
Todavia queda mucho por hacer, todavía, la mujer lesbiana está peor vista que el hombre homosexual, aunque ante la ley sean iguales entre ellos, la sociedad aun cuenta con una educación de valores tradicionales arraigados históricamente que producen en ocasiones trato desigual y discriminación.
Es importante que para que ésto no suceda, educar tanto a adultos como a niños, en torno al respeto, que desde mi punto de vista , será posible cuando posturas enfrentadas, interaccionen directamente entre sí, volviendo a conceptos de interculturalidad, igualmente aplicables a culturas o a características diferentes que no lleguen a constituir una cultura (porque la orientación sexual no supone una cultura, aunque en ocasiones tengan formas de vida diferentes a las demás e iguales entre ellos/as, no es la mayoría. Y si así lo fuera, el respeto a ésta sigue siendo la base de la educación que propongo)

El colegio y la familia son las herramientas principales para una educación que promueva el respeto y la igualdad, no sólo en relación a la homosexualidad o la bisexualidad, sino a los transgéneros, los transexuales, etc. Y además es extremadamente necesario que se comience con este tipo de educación desde temprana edad, ya que la identidad sexual y la orientación sexual se manifiesta también desde muy temprana edad. Así, contribuimos a que los niños y niñas no se sientan excluidos y discriminados y puedan desarrollar su vida con “normalidad”.
Es necesario concentrar el esfuerzo para conseguir los objetivos ya mencionados, teniendo en cuenta la evolución y el avance en la igualdad de derechos y reconocimiento de la homosexualidad o la bisexualidad, considerada antiguamente una enfermedad (hasta 1973).
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